Los antiguos griegos y romanos ya conocían estas hojas silvestres. En la Edad Media se vendían cocidas y moldeadas como “espinoche”.
Cuando Catalina de Médici dejó Florencia para casarse con el rey de Francia en 1533, llevó consigo cocineros que sabían prepararlas a su gusto. De ahí surge el término “a la florentina” para los platos con espinaca.
Son hipocalóricas (apenas 25 kcal cada 100 g) y aportan fibra, hierro, magnesio, carotenos y vitamina C (cuando se consumen crudas).
En casos de acidez o molestias estomacales, conviene consumirlas cocidas.
Se pueden consumir crudas en ensaladas cada vez más variadas.
Cocidas, preferentemente al vapor, se pueden incorporar en salsas, sopas o salsa bechamel. También se pueden gratinar.
Combinan muy bien con pastas y queso rallado.
Se pueden agregar crudas a guisos, risottos y sopas, donde se cocinan rápidamente con el calor de la preparación.
Tarta de espinaca y ricota.
Ñoquis de espinaca.
Arroz a la florentina.
Omelette.
Ensaladas crudas con distintos agregados: langostinos, queso rallado, manzana, cebolla de verdeo, tomates secos, entre otros.
Diana Papa Constantino
Lic. en Nutrición
Bioquímica
Atención virtual y presencial

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